Premio a la vida y obra
de un periodista


Hernán Peláez Restrepo

Hernán Peláez Restrepo

Cuando me comunicaron esta distinción, sentí un gran impacto emocional. No solamente por lo inesperado, sino porque, con el tiempo, uno se va encerrando cada vez más en sus cabinas de trabajo, en sus propios pensamientos y procedimientos y poco a poco va llegando a una especie de aislamiento, dejando de lado los halagos, aunque mantenga siempre una pizca de vanidad hacia su propia labor...

Vida y Obra de un Periodista. Vida, que resultará relativamente fácil de relatar, pues es elaborar una especie de hoja de vida, donde se consignen los pasos dados y los peldaños ascendidos. En cambio, explicar la obra es difícil, no solamente por ser un intangible, sino porque su proyección será producto de una autoevaluación y como todas estas puede resultar generosa y exagerada.

Fui bachiller de formación jesuítica, de los que estudiaron latín, para ubicarlos en el tiempo. Después en la Universidad de América en Bogotá, tras conseguir unos préstamos de la Caja Agraria para estudio, pude terminar ingeniería química, y tuve el gusto y la satisfacción de trabajar durante diez años en esa profesión con tres compañías multinacionales, curiosamente empapadas en petróleo.

Como siempre pasa en la vida de los seres humanos, uno busca quedarse en un trabajo que le guste. Y tomé la decisión, porque difícilmente se puede atender a dos oficios al mismo tiempo. Conté con la fortuna de trabajar los últimos cuarenta años en este oficio, después de haber comenzado como comentarista de fútbol.

Aquí va un relato sencillo del tránsito realizado en los tres campos de la comunicación.

Radio

En 1964, en una modesta emisora bogotana, Radio Modelo, y por invitación de Álvaro Gutiérrez Wills, hice un torneo Juventud de América. Obviamente era de fútbol, porque fue, desde mi niñez, mi gran pasión. Porque lo jugué y bastante bien, siendo un jugador lento, mas no perezoso. Después, en 1965, llegué a Unión Radio a hacer pequeños programas matinales sobre deportes y allí tuve como compañero a Yamid Amat quien era redactor de noticias; todo bajo la orientación de Carlos Pinzón y sus hermanos.

En 1967 ingrese a Caracol, que fue y ha sido mi segunda casa... ¿o la primera? Pasé, además, cuatro años en el Circuito Todelar y, en ese tiempo, dedicado no solamente al fútbol, sino también a la música, los pensamientos matinales, los programas periodísticos y a todo lo que afortunadamente quería expresar, con amplia libertad y ciertas concesiones atrevidas. En la radio disfruto con lo que realizo y pienso siempre en ayudar, de alguna manera, a los oyentes sea con información o entretención...

En la radio aprendí, con el tiempo, dos fortalezas que debe tener cualquier periodista o comunicador: credibilidad y seriedad. Y van dos anécdotas que son ejemplos válidos.

  • Credibilidad —caso Garrincha—
  • Seriedad —hora internacional—

Con el tiempo, y casi de carambola, llegué a participar en programas periodísticos, como fue el caso de 6 AM, donde pude aprender al lado de grandes maestros del periodismo. Un ejercicio donde la vida no se limitaba a seguir la trayectoria de un balón. Quizás por eso me atreví a conducir La Luciérnaga, que en los últimos doce años generó un estilo, donde la denuncia y el señalamiento se hacen menos dolorosos, porque siempre se adornan con ironía, sarcasmo y donde aprendemos a reírnos de nuestras propias limitaciones.

Prensa escrita

En 1963 escribí mi primera columna, en el diario La República, sobre una final intercontinental de fútbol entre Independiente e Internazionale. La vanidad me llevó a buscar más forma que fondo y allí hurgando en el diccionario encontré una palabra que nunca más utilizaría: inextricable... para hablar de Buenos Aires. 

Después, por veinticinco años, tuve una columna, “Cara y Sello” en El Tiempo, donde analizaba el fútbol del Campín. Allí cometí el mayor pecado en contra de los jugadores de fútbol pues un día resolví juzgarlos tapando en las fotos la cara de aquellos que consideraba habían jugado mal..., me pareció brillante... pero un jugador me hizo caer en cuenta el dolor familiar que eso le había causado y erradiqué esa práctica de inmediato. En otra ocasión vino un equipo de Israel a jugar y lo hicieron bastante mal... así que decidí aconsejarles que se dedicaran a hacer negocios o a manejar temas bélicos y no tardó nada en llegar la reacción de la colonia judía, encabezada por la familia Guberek... Además tuve la satisfacción de colaborar como corresponsal de El Grá?co, de Argentina, y de las revistas Golazo y Nuevo Estadio en temas deportivos.

Televisión

En televisión trabajé en varios noticieros y en juegos de campeonatos. Comencé en los Juegos Olímpicos de México, en 1968, y allí pude lucir por primera vez una corbata negra que me prestó el mismo productor del programa.

Gracias al fútbol viví volando de país en país, de estadio en estadio, y supe pasar del télex al correo electrónico, sin traumas.

Esa es, a grandes rasgos, mi vida en el periodismo. Pero viene lo más difícil: entender la OBRA. Porque un escritor, un escultor, un poeta o un pintor dejan obras palpables y reales. La obra de un periodista es un intangible cuya valoración queda a cargo de terceros. Supongo que, sin proponérmelo, en este camino fui construyendo un nombre y ganando cierta credibilidad gracias al tesón, al compromiso, al cumplimiento y, ante todo, a la pasión puesta, en todo momento, en este ejercicio. Esa puede ser la huella que dejo para quienes comienzan el camino del periodismo, una profesión hermosa, complicada y adornada de dificultades y amenazas, pero incomparable por la satisfacción que brinda.

Debo agradecer a todos aquellos maestros que encontré en mi viaje, a los compañeros y a quienes directa o indirectamente me apoyaron para llegar hasta hoy.

Solo quiero expresar mi intención de seguir adelante y buscar la perfección, que quizás nunca alcance. Es una meta y por ella bastaría continuar en la brega y la pasión por el trabajo.

Leí alguna vez una reflexión de Domingo Sarmiento, quien dijo: “Escribir por escribir es de los vanidosos... escribir por escribir es de los vanidosos y de los estúpidos... escribir para regenerar es la obligación de quienes viven las necesidades de la época...” Eso trato. Reitero mi agradecimiento a los organizadores del Premio Simón Bolívar y quiero dedicarlo a la memoria de mi padre, a mi madre y a Beatriz por su paciencia, tolerancia y compañía. A mis tres hijos y al nieto por llegar. Y a todos a quienes visité con mi voz o mis escritos, espero sepan comprender la emoción de una persona que realiza siempre el mejor esfuerzo para cumplir una tarea.

 Miles de gracias a todos...